Sin la sangre tibia
ni la placentera y narcótica sensación de placidez
Sin la fuerza de cargar con el mundo
Sin la fe de seducir
Los días, uno a uno se comieron la dorada lucidez
las ganas de ser
o de empezar y terminar lo que siempre se está empezando
Poco a poco, la noche ahora es más corta
y los amigos se petrifican en madera
y al tocarlos, arena que se va entre los dedos.
La química endógena
que ya no funciona
Exógenos que no se esmeran
Y las rutas son más largas
y las luces naranjas duermen más
Así se pierde y de la misma manera
paradójica se gana.
Crecer sin crecer.
Crecer sin poder hacer nada.
miércoles 7 de enero de 2009
Primera Revelación
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